A veces pensaba yo en lo informe. Hay cosas, sean montones, masas, contornos o volúmenes, que en cierto modo no tienen más que una existencia de hecho: sólo las percibimos, pero no las sabemos; no podemos reducirlas a una ley única, deducir su totalidad del análisis de una de sus partes, ni reconstruirlas mediante operaciones razonadas. Podemos modificarlas con gran libertad. Apenas tienen otra propiedad que ocupar una región del espacio…
Decir que son cosas informes no es decir que no tengan formas, sino que sus formas no encuentran en nosotros nada que permita reemplazarlas por un acto de trazado o reconocimiento claros. Y en efecto, las formas informes no dejan otro recuerdo que el de una posibilidad… Así como una serie de notas pulsadas al azar, un charco, una roca, una nube o un fragmento de litoral no son formas reducibles. No quiero insistir en estas consideraciones: llevan muy lejos. Vuelvo pues al dibujo. Supongamos que quisiéramos dibujar una de esas cosas informes, pero una de las que todavía permiten reconocer cierta solidaridad entre sus partes. Tiro sobre una mesa un pañuelo arrugado. Ese objeto no recuerda a nada.
De entrada es para el ojo un desorden de pliegues. Puedo alterar una de las esquinas sin alterar la otra. Sin embargo, mi problema es hacer ver mediante mi dibujo un trozo de tejido de determinada clase, elasticidad y espesor, y de una sola pieza. De modo que se trata de hacer inteligible cierta estructura de un objeto que no tiene ninguna determinada, y no hay cliché ni recuerdo que permita dirigir el trabajo como se hace al dibujar una figura de árbol, hombre o animal, que se dividen en porciones bien conocidas. Aquí es donde el artista puede ejercitar su inteligencia, y donde el ojo debe encontrar, en sus movimientos sobre lo que está viendo, los caminos del lápiz sobre el papel, al modo en que un ciego debe acumular palpando los elementos táctiles de una forma, y conseguir punto por punto el conocimiento y la unidad de un sólido muy regular.
“Del suelo y de lo informe”. Piezas sobre arte. Paul Valéry.
Un estado que no puede prolongarse, que nos pone fuera o lejos de nosotros mismos, y en que lo inestable no obstante nos sostiene, mientras que lo estable sólo figura en él por accidente, nos da idea de otra existencia totalmente adecuada a los momentos más raros de la nuestra, y compuesta toda por valores límite de nuestras facultades. Pienso en lo que vulgarmente se llama inspiración…
“De la danza”. Piezas sobre arte. Paul Valéry.
Paul Valéry le llama a esto inspiración, para mí es la descripción perfecta del aura que precede a una crisis epiléptica…
Mauricio Sandoval.
***
Medusa, Ameba, Zombie, Epilepsia, Danza …
…formasordas…el día de mi concepción…
…un espacio que se llena de algún tipo de sustancia, un material que se extiende rápido (mate, poroso y áspero) y me asfixia; sólo una puerta, también una presencia en sombra, no hay sonido … diferentes estados … la sensación de danza, de asfixia : lo fragmentario…………………………………… todo se mueve, como en una tv descompuesta, imposible fijar la imagen…: primero: un estado de bienestar , después, la visión: todo de arriba para abajo o de abajo para arriba…-destellos- FUNDIDO A BLANCO/NEGRO/BLANCO….volver en sí : formasordas, ¿quién es esta mujer?...¿porqué me mira de esa manera?......y mi lengua???...y el brazo???...recuerda, trata de recordar…¿quién es esta mujer???...¿quién?...¿es natural?. Es natural, después de una convulsión, un rato de amnesia.
Mi cerebro … o algo así…bocanadas de luz...una sombra al final del túnel,
Sustancias confusas : materia, aceite, agua, danza, espuma y boca…yyyyy…¿ el sonido?...
…zombie en mi cabeza…
… ¿y el sonido?...FORMASORDAS…
una interferencia, ruido parásito, zumbidosordo, estática aguada…vaga…
rapaz diurno…
…realidad de parafina…
… laguna mental…ave de mal agüero…
…cede…